Canciones que nos estremecieron y que guiaron la formación sentimental de millones de hispanohablantes. Fundamentalmente, música de los años 70, 80 y 90.
Compas, tengo un problema: Castpostno quiere darme más espacio para seguir subiendo mis canciones. Por lo tanto, no he podido seguir incluyendo aquí la colección. Debe haber otro sitio para seguir haciéndolo, pero no domino el asunto. ¿Podrá alguno de ustedes echarme una mano, a ver si continúo con esto? La cosa en Castpost funciona así: uno se registra con una cuenta de e-mail y al instante te dan 100 Mb de espacio para meter tus sonidos (unos 100 minutos de música, equivalente, en mi caso, a unas 22-25 canciones). El caso es que, para poder armar este blog, abrí ya seis cuentas (con 6 direcciones distintas), pero el viernes intenté abrir la séptima y el Castpost no me responde. Conclusión: debo irme con mi música a otra parte, es decir, a otro site que me las acepte. Se escuchan entonces recomendaciones, hermanos. Mientras tanto, les pongo aquí abajo una pieza que postuló el Negro José Luis Artigas para el Campeonato Mundial de Cursilería:
Nota importante: esta canción y su intérprete no entran en el Campeonato Mundial de Cursilería patrocinado por este blog, pues la cursilería no es precisamente su arma más poderosa. Acá abajo, la explicación. ___________________
Existe, allende los mares, un señor cantante nombrado Juan Erasmo Mochi, a quien le atormenta la mirada de una chica equis. Esa mirada, según testimonio recogido en la que fue su canción más conocida entre nosotros, le roba el alma. La canción, de hecho, consiste en una repetición de esa idea fija, matizada a veces con dos o tres comentarios irrelevantes sobre su reticencia a casarse, sobre el empeño del viento en prenderse de la falda de aquella tipa. Hasta allí, todo bien, todo conforme a las normas del buen vivir, el buen cantar y el mejor enamorarse: la mujer tiene una mirada enigmática y hay algo en ella, posiblemente una incipiente catarata, que pone al hermano Mochi a preguntarse una y otra vez qué es lo que hay allí. Así que el problema con la canción es otro.
Sucede que el cantante inicia su embelesado análisis oftalmológico en un tono varonil muy sereno, respetuoso y comedido. Pero de pronto, al despuntar los dos minutos y dos segundos de la pieza, los miligramos de valium, morfina o Prozac que el hombre se había metido en la mañana, horas antes de irse a grabar la canción, se disipan por completo y a aquel sujeto que parecía tan mesurado y dueño de su control se le parte la voz hasta subir una octava exacta. Es tan grave el ataque de aflicción que asalta al desgraciado Mochi que tiene que terminar la pieza en mitad de un falsete horrible, tipo Chiquetete (a quien incluiremos en breve, por supuesto, con su célebre Esta Cobardía), y acá es cuando nos toca explicar por qué no entra a competir entre los cursis: porque Chiquetete y otros son afligidos auténticos, y no esa clase de elementos que primero se la dan de machos y enteros y después vienen a desmoronarse de esta forma. Chiquetete llora a pecho partido y con plena conciencia de que es un cobarde de mierda; Mochi se nos presenta con un aplomo a lo Frank Sinatra y a los dos minutos el misterio de la mirada de la diabla aquella lo convierte en una piltrafa que no canta: aúlla.
Bueno, ahí va el Mochi. Buen recuerdo de los 70, cómo no. Pero están advertidos: el hombre es soportable hasta los dos minutos; dos segundos después se nos convierte en otro señor totalmente distinto.
Este blog inaugura hoy una sección fija: el Campeonato Mundial de Cursilería. Apuesten, anótense, inscriban o propongan a sus contendores. Hoy lanzaremos al ruedo a dos contrincantes de los más fuertes y competitivos. El autor de este blog tiene sus favoritos, pero será la aclamación popular la que decidirá quién se lleva el cetro. Se escuchan melodías y gladiarores; usted me la envía por email o me la solicita y yo se la coloco aquí, en violenta confrontación con las mías o las de otros proponentes. ____________
Hay, sin duda, muchas formas de ser cursi y plañidero en la vida. Si a mí no me hubiera dado por buscar y rebuscar en la memoria y en mil emporios de discos a esta hora estaría diciendo, con toda firmeza: "Abba es la máxima expresión de la cursilería". Pero no, compas, Abba no califica ni siquiera entre las diez primeras expresiones de lo cursi en castellano; tal vez en sueco y en Suecia sean insuperables, pero entre nosotros los hispanohablantes, mi hermano... ¿Lo dudan? Aceptado el reto. Sin más: por aquí cantó Heleno. Y pegó una canción que decía:
Te quiero como nadie te ha querido te quiero como nadie te querrá. No creas que son sólo palabritas que se dicen nada más.
Y lo más sólido aquí no es la letra sino el tono en que cantaba el tipo la canción. Juntos, letra y patetismo, hacen imbatible al conjunto. Sí, incluso por encima del también inolvidable mezclote del piano gay que acompaña a la estrofa:
No quisiera verte así aunque quieras disimularlo. Si es que tan triste estás ¿para qué quieres callarlo?
Pero estamos de acuerdo en que la pelea es peleando. Abba versus Heleno. Heleno versus Abba. Ambos contrincantes apelando a un sonoro diminutivo para hacernos llorar. Bueno, a nosotros no, a quien se deje:
Jesús Sevillano es, sin rebuscar mucho una definición, uno de los cantantes más excelsos y de voz más limpia de los que han grabado discos en Venezuela. Uno lo escucha modular en El Curruchá (A mi negra la quiero y la quiero más que a la cotiza que llevo en el pie…) y parece cosa de magia. Los vertiginosos versos le salen tan fáciles y naturales que uno no puede resistir la tentación de intentarlo (como cuando uno creía que echarse a volar sólo era cuestión de conseguir una capa adecuada y una ventana propicia), y es sólo entonces cuando uno se percata de que cantar esa canción no es difícil, sino imposible, al menos para un humano con una garganta y unos pulmones normales. Si usted es amante del fútbol, es como ver a un Ronaldihno en su mejor momento (es decir, antes del Mundial), bailándose a cuatro defensas con una sonrisa en la boca. Si le gusta el béisbol, es como ver a Omar Vizquel alcanzando unos rolings con aquella elegancia pasmosa. Las otras dos canciones que incluyo son, simplemente, joyas de nuestra música. Y en esa voz que combina reciedumbre con dulzura resultan manjares para el oído. Ilan Chester grabó hace poco la mejor de estas tres, titulada Tu Boca, y la cosa le quedó como el intento de una tortuga de caminar con el estilo de los flamencos. La calidad no se compra en el abasto de la esquina. Hermanos hispanoparlantes no venezolanos: si no habían escuchado a este raro ejemplar semiolvidado, hágalo ahora. Ya verá las fibras que ha de tocarle.
Este blog tiene en su colección un total de 140 canciones. Acá abajo les copio el ránking de las 100 más escuchadas por ustedes, visitantes y usuarios, según lo que dice el contador de mis cuentas en Castpost, el sitio donde he subido todas estas piezas (y donde las seguiré subiendo hasta que me eliminen las cuentas por violar la sacrosanta legislación de Derechos de Autor). Interesante ejercicio: comparar estos números con el ránking anterior, publicado aquí el 29 de abril.
Recomendación a los no informados, y a los muchos compas que han escrito para decir que el sonido se detiene o interrumpe a cada instante: para escuchar las canciones deben pulsar el símbolo de play (>) y, acto seguido, pulsar en el botón que indica pausa (//); esta es una buena forma de esperar que la canción se "cargue" en su computadora. Si pulsamos play y la dejamos correr seguramente se escuchará entrecortada.
Va entonces el ránking. El número a la derecha indica el número de veces que ha sido escuchada cada canción por parte de ustedes:
Quizás si, quizás no (Sabú) 1.378 El vals de las mariposas (Danny Daniel) 1.207 Soy Rebelde (Jeanette) 788 Eva María (La Fórmula V) 749 Adiós, Chico de mi Barrio (Tormenta) 687 Nino Bravo (Un Beso y Una Flor) 599 Un Gato en la Oscuridad (Roberto Carlos) 594 Se llamaba Charly (Grupo Santa Bárbara) 567 Prometimos no llorar (Palito Ortega) 552 Por el amor de una mujer (Danny Daniel) 539 Si Las Flores Pudieran Hablar (Nelson Ned) 531 O Quizás Simplemente le Regale una Rosa (Leonardo Favio) 530 Rómpeme, Mátame (Trigo Limpio) 517 A tu recuerdo (Los Angeles Negros) 513 Un Rayo de Sol (Los Diablos) 513 Te he prometido (Leo Dan) 504 La noche de Chicago (Mirla Castellanos) 484 Esa Pared (Leo Dan) 476 Tú me Haces Falta (Claudia) 463 Mi Viejo (Piero) 463 Eres Tú (Mocedades) 444 Ese mar es mío (Nancy Ramos) 442 La gata bajo la lluvia (Rocío Dúrcal) 434 Bella Sin Alma (Ricardo Cocciante) 430 Tornero (Il Santo California) 428 Ella ya me olvidó (Leonardo Favio) 427 Forever and Ever (Demis Roussos) 413 Salsa y Control (The Lebron Brothers) 410 Vamos Cantándole al Mundo (Azúcar, Cacao y Leche) 410 Carta de Néstor (Los Terrícolas) 406 Quiero Aprender de Memoria (Leonardo Favio) 405 Amor Eterno (Rocío Dúrcal) 389 Cómo Deseo ser tu Amor (Elio Roca) 375 La reina de Las Cruces (Noel Petro) 375 Dos cosas (Los Terricolas) 364 Hoy daría yo la vida (Martinha) 362 Asombro (Celio González) 360 Tu Alma Golondrina (Jairo) 361 Canción mansa para un pueblo bravo (Alí Primera) 347 La tarde que te amé (Industria Nacional) 346 Mi guitarra (Juan Pardo) 344 Dime que sí (Nancy Ramos) 339 Barquisimeto (Billo’s Caracas Boys) 327 Sugar sugar (Los Archies) 320 Solo otra vez (Tres tristes tigres) 318 Aleluya (Cherry Navarro) 315 María Morena (Hugo Blanco) 308 Caribe Soy (Leo Marini) 305 Por el amor de una mujer (Julio Iglesias) 304 Playas de mi tierra (Tania) 303 Yo Voy Hacia Ti (Noel Petro) 303 Es Muy Fácil (Los Mitos) 298 San Agustín (Vytas Brenner) 295 Penas (Sandro) 290 Estrellitas y Duendes (Juan Luis Guerra - 4:40) 286 La Bikina (Gualberto Ibarreto 282 Sin una ilusión (Moby Dick) 274 Valencia Senorial (Billo's Caracas Boys) 273 Sobre una Tumba una Rumba (Sonero Clásico del Caribe) 270 Quién Fue (Ruddy Márquez) 268 Micaela (Pete Rodríguez) 262 He sido herido (Las 4 monedas) 259 Samba pa ti (Carlos Santana) 252 Canchunchú Florido (Vytas Brenner): 250 Kung Fu Fighting (Carl Douglas) 239 Cuando me quieras (La Gran fogata) 239 La Noche de Verano (Azucar cacao y leche) 236 Coronita de flores (Juan L. Guerra - 4:40) 235 Muchacha de Quince (Nelson Henríquez) 234 Y nos dieron las diez (R. Dúrcal - Joaquín Sabina) 231 Nuestra historia de amor (Claudia de Colombia) 229 La Cotorra Criolla (Perucho Conde) 228 Caramelo 'e Chocolate (Sexteto Juventud) 225 La Yerbita (Corraleros de Majagual) 224 Matrimonio (Tres tristes tigres) 224 Guavaberry (Juan L. Guerra - 4:40) 217 Frío, frío (Juan L. Guerra - 4:40) 207 El son de Celia y Oscar (Celia Cruz y Oscar D'Leon) 207 La Guitarra (Edgar Alexander) 204 La distancia es como el viento (Domenico Modugno) 203 Jesucristo (Víctor Gámez) 199 Rosa, Rosa (Sandro) 193 Carmelina (Sonero Clásico del Caribe) 193 Golpe con Golpe (Pastor López) 189 El Mayor (Silvio Rodríguez) 186 Lo que quiero (Azucar cacao y leche) 181 Jamás te dejaré (Rocío Dúrcal) 179 La Manzana (Corraleros de Majagual) 178 Te voy a olvidar (Rocío Dúrcal) 177 Olas de la mar (Tania) 177 Regresa, corazón (Tania) 177 Vámonos pal Monte (Eddie Palmieri) 169 Buena Suerte (Las 4 Monedas) 167 De tu Boca (Juan Luis Guerra - 4:40) 166 Loves Theme (Barry White) 165 La Burrita de Eliseo (Corraleros de Majagual) 163 El Vampiro (Corraleros de Majagual) 161 Caracas (Rincón Morales) 160 Un vaso de vino (Henry Stephen) 150
Otro grupo que nos marcó de niños fue La Pandilla. Estuve buscando información en internet sobre sus inicios, historia y qué-es-de-su-vida, y me encontré con la página del Fan Club oficial. Allí se cuenta básicamente todo cuanto hay que saber sobre el grupo o los grupos que así se llamaron, pero el relato de sus travesías resulta tan retorcido y complicado que me abstuve de escribir un resumen; así que pinchen mejor aquí el link y escarben ustedes mismos. Me limitaré entonces a relatar que los integrantes originales fueron Santi, Nieves, Carlos, Javier y Blanca, y que los más exitosos fueron los que ganaron fama con La Soledad (una versión del Happy de The Jacksons Five, cuando Michael Jackson era niño y negro. Parece que fue el tema de la película "Lady Sings the Blues" protagonizada por Diana Ross). También resultaría imperdonable que no incluyera El Alacrán, una pieza sadomasoquista que arma todo un jolgorio con la posibilidad de que un maldito escorpión nos zampe el aguijón. El solista de ambas piezas se llamaba o se llama Rubén y los demás integrantes eran Javier, Blanca, Gaby y Javi. Van, sin más, esas dos piezas imborrables para nosotros, hispanoparlantes de esa generación que ya vivía y sentía en los años 70:
¿Y qué hay de esta otra? Se trata de una metáfora simplona, lo mismo que la melodía y la cara del caballero que la cantaba, un difícilmente recordable Eddie Castro. Se llama El Sol no Brillará, y trata, por supuesto, del gris nubarrón que se nos instala encima cuando esa ingrata nos abandona. Bah, no se preocupen, lectores y usuarios de este blog, ya vendrán otras. Otras canciones mejores que esta, quiero decir. También otras mujeres, pero en ese caso no puedo hacer nada por ustedes. Sonó mucho esta pieza en los años 70 hispanoamericanos, y dice así:
Esta también es brava, hermanos. Su poder evocativo es de esos que aplastan.
Nunca supe ni quiero saber qué dice la letra. Tal vez intuyo, percatándome ahora en la adultez de su simplicidad medio bobalicona, de que se trata de una soberanísima pendejada, como todas las que alimentan la niñez, así después se nos vuelvan grandes y significativas. La recuerdo con cariño, sí, pero sería triste que a esta edad y en este tiempo histórico me diera por andar con esta pieza a todo volumen en el carro. Así que limitémonos a reconocer que esta canción me trae a la pantalla imaginaria que todos desplegamos ante los ojos, en presencia de ciertos estímulos del pasado, algunas atmósferas y episodios imborrables desde mis cinco años de edad. El grupo que la lanzó a las ondas hertzianas del mundo se llamaba The Stampeders, de lo cual apenas me estoy enterando ahora, mientras busco información sobre la pieza y sus intérpretes. En algo no me falló la intuición de niño: aunque nunca antes de ahora vi a los integrantes de ese grupo yo me los imaginaba así, tal cuales. El tipo de la derecha, por cierto, se parecía a un seudohippie y mariguanero de San Cristóbal que acosaba visualmente a mis hermanas y era evidente que se las quería coger. Incluso a mis cinco años podía yo detectarlo. Mejor dejémoslo de ese tamaño y escuchemos la canción, antes que la memoria me obligue a tenerles una rabia que no se merecen:
Hay un problema con esta canción de Los Tres Tristes Tigres: se llama Amarra una Cinta Amarilla, pero en los versos dice una y otra vez Amarra al árbol una cinta carmesí... Es decir, a menos que uno sea daltónico le será imposible cumplir con la petición del cantante. Con la otra canción, titulada Oh, Mariana, de Los Kings, no hay problemas de esa índole, salvo que la súbita intervención del coro femenino (justo a los 43 segundos de comenzada la pieza) suena como una discusión entre vecinas en mitad de la misa de cinco. Nada grave. Las discusiones entre vecinas por lo general son más divertidas que las misas de cinco y las de cualquier hora. Vaya, escuchen estas dos joyas del rock venezolano tardío (mitad de los años 70).
Definitivamente, Palito Ortega es una rata. Hace varias semanas subí y comenté aquí su célebre canción, titulada Prometimos no llorar. Para él fue fácil cumplir esa promesa. Horrendo es suponer en qué estado quedó el sistema nervioso de la pobre mujer a quien estaba despachando en mitad de un café, obligándola bajo amenaza a reprimir su llanto, y a no decirle que lo quería. Horroroso. Inhumano. Ingominioso. Brutal. Casi Bush. En cambio, unos pocos años antes la noble Italia nos envió a un caballero formidable, que además de buena voz y un estilo demoledor tenía buenos sentimientos. Aparte de aquella que lo catapultó a la fama (un bodrio inchupable llamado Volare) la canción de Domenico Modugno que más caló entre nosotros es La Distancia es Como el Viento. Es virtualmente imposible que usted no la recuerde. La pieza comienza con la misma estructura que aquella del Palito (de allí que la haya traído por los pelos): anunciándole a una dama que es preciso separarse. Sólo que mientras el argentino se dedica largamente a lacerar a su enamorada, Domenico hace un ejercicio de alta filosofía acerca de la distancia, las candelas pequeñas y los grandes incendios de la vida. Aunque quedan sus sospechas: el hombre se asusta al escuchar una sirena policial y allí comienza a decirle a su hembra que ese sonido le deja feas sensaciones. Como decía Alí Primera: El que ha sido marinero cuando ve la mar suspira. O la copla llanera: El que lo picó macagua, bejuco le para el pelo. Nadie se ha detenido a indagar en los antecedentes policiales del Modugno, pero hay que decirlo: ese hombre quería a su novia. Pudiera decirse que toda esa perorata tenía por objeto hacerle más fácil la separación a la tipa y luego dejarla definitivamente, pero los gritos desgarradores (¡Chao! ¡Te amo!) que el cantante le suelta a la mujer en los últimos 30 segundos de la canción no dejan lugar a dudas. El tipo la quiere. Es convincente. Es un monumento a la pasión. Y créanlo: este intento de relajar la historia y de buscarle el flanco risible quizá tenga que ver con que, mientras la escucho, me baja cierto animal en la garganta. En serio. Sobre todo en esos segundos finales, la canción duele. Como regalo extra a los usuarios de este blog, les pongo aquí una de Roberto Carlos que también habla de distancia y que también puede llegar a tener propiedades lacrimógenas.
En la gráfica, Domenico Modugno en el Festival de San Remo (1958), evento y cantante que marcan un hito: el nacimiento de la balada como género de masas.
René y Renny. René y René. Renny & René. Rene y Rene. De tantas formas llamaron a estos amigos que, quizá sintiéndose un poco culpables por el enredo, decidieron simplificar al máximo el título de su canción más famosa. Se llama Lo Mucho que te Quiero. Sin embargo, en algo tenían que complejizar el asunto y a mitad de la pieza la tradujeron al inglés, con la muy obvia intención de conquistar el público anglosajón. ¿Lo lograrían? Con todo y ese innecesario detalle de su carácter bilingüe, muy descuidada tendría que ser una damisela para no entender de qué se trata la canción. Y muy estúpida tiene que ser una mujer para permitir que la llamen damisela. Vaya, escuchen esta, que es de las que no se olvidan, nos guste o no.
Por pura casualidad, dos de las canciones que han solicitado ustedes, usuarios y visitantes de este blog, tienen títulos afines. La primera es de Gualberto Ibarreto y la tenía aquí guardada, dejando que pasaran unos días después de la aparición de Gualberto en post previo. La otra es de una mujer muy dulce y hermosa, una estrella fugaz que cruzó por nuestras radios entre 1982 y 1984: Marlene. No la tenía en mis archivos, así que pedí ayuda públicamente. El negro Artigas me respondió, pero un día antes lo había hecho también alguien que firma con el inquietante nombre de Osssie Ozzbourne. Gracias a ambos.
Esta pieza es otro aporte cortesía de José Luis Artigas. Ya le recomendé al compa que hiciera su propio blog. El arsenal de este pana es respetable. ________________
En 1977 el grupo neoyorkino Sugar Hill Gang tuvo la gloria de haber lanzado al mercado el primer producto comercial de un género underground llamado rap. El disco que grabaron era una larga retahíla de 18 minutos, declamada en contagioso y frenético tempo por tres raperos del Bronx. Rappers Delight, se llamó aquella pieza, que resultaba inentendible en inglés "civilizado" y por supuesto también en castellano. En Venezuela, adonde la pieza llegó en 1978, la rebautizaron como La Cotorra, que es como llamamos en este país a ciertas charlas largas y cantinfléricas. Un año más tarde, el ingenio de un querido humorista del patio llamado Perucho Conde nos obsequió una versión hablada en caraqueño y con un ritmo parecido al de los raperos del Bronx. Se llama La Cotorra Criolla.
La gracia se convirtió en el primer rap grabado en español, y se trata de una auténtica crónica de denuncia social, hilarante por el lenguaje y por el tono. Quien declama es el típico campesino que vive en la urbe y su situación es la de millones de marginados que trabajan en el otro extremo de la ciudad (la cosa ocurre en una Caracas donde aún no había metro o transporte subterráneo, y para trasladarse de un lugar a otro había que soportar un infierno automotor). Quienes vivimos en Venezuela en ese tiempo somos testigos de algunas hazañas de lo que fue concebido apenas como una parodia. Por ejemplo, el haber "pegado" en el habla popular al menos una expresión: "Te lo juro, pana; te lo juro, pana". Y otra: "Cómo la ves, cómo la ves...". La otra hazaña es el habernos dejado en el inconsciente una letra que es fácil de recordar cojn un pequeño esfuerzo, pese a los 27 años transcurridos desde su entrada a la lista de las más escuchadas:
Me gusta La Cotorra y aquí estoy pues con mi cotorra criolla que no habla inglés. Vivo en Caricuao, trabajo en El Marqués y llevo leña en esta vida al derecho y al revés. Le debo al italiano, al portugués al turco, al zapatero y a Doña Inés y del apartamento en la UD-3 me botan pa la calle si no pago en este mes. ¿Cómo la ves? ¿Cómo la ves? Tengo que levantarme de madrugada y meterme en esa cola requetecondenada. Veo a toda la gente enfurruñada con sueño todavía y mal desayunada...
La música norteña es para almas demasiado sensibles y demasiado recias. Por eso Lupe y Polo se impusieron rápidamente en los botiquines, cantinas, pulquerías o como quiera que se les llame en nuestros países: sólo quien ha descendido hasta los cielos de nuestro pueblo más llano puede entender de qué se trata la adoración de esta música no apta para gente refinada y niños bobos.
Así que si usted no sabe lo que es el despecho y el dolor, si usted no ha estado en la cárcel aunque sea de visita, si no ha debido pernoctar en un hospital de mierda de nuestros pueblos y urbes latinoamericanas; si usted no ha participado en una pelea a cuchillo o no ha visto de cerca el horrible desenlace con un hombre chapoteando en su propia sangre; si usted no se ha metido una borrachera dantesca, de esas que lo ponen a uno a vomitar largo y relampagueante hasta quedar volteado como una media, con las vísceras afuera y la piel adentro; si usted no sabe lo que es sorprender a su pareja en pleno acto de traición; si usted nunca comió tripas de algún animal imprecisable en el mercado de Maicao (frontera colombo-venezolana), en el de San Félix (Bolívar) o al menos en el de Las Pulgas (Maracaibo), o tan siquiera en el terminal de pasajeros de San Cristóbal; es decir, si usted no sabe qué cosa es pasarse días y años enteros allí donde concluye la gente más noble con la más criminal, entonces ni siquiera escuche a estos señores pioneros del sonido norteño a la antigua, porque va a pasarla muy mal.
(La habíamos subido hace un par de horas pero estaba defectuosa; ya pueden escucharla).
Hace exactamente seis meses y un día incluimos en este espacio la versión que grabó la venezolana Nancy Ramos de la canción Esse mar é meu. La titularon, obviamente, Ese Mar es Mío para el público hispanoparlante, y aunque fue la más conocida entre nosotros yo cargaba encima desde muy niño las ganas, más bien la necesidad, de escuchar de nuevo a la mulata arrulladora que gabó la original: Eliana Pittman. Sin desmerecer en lo absoluto a Nancy, esta sambita interpretada en el dulce susurro que es el idioma brasileño es infinitamente superior. Tal vez sea por ello que el JRD niño la añoró tanto, incluso cuando se hizo adulto.
Muchos años estuve de discotienda en discotienda, escarbando en Internet, importunando a los panas melómanos a ver si me la conseguían en sus baúles, en sus sótanos del coñísimo. Pero vino a ser un hermano usuario de este blog, a quien no conozco en persona, quien realizó la búsqueda definitiva, y me la envió esta mañana vía email. Así que démosle las gracias a ese compa invisible, José Luis Artigas, autor de la hazaña arqueológica, y escuchemos este tesoro brasileño de los 70: