Por razones no del todo esclarecidas (aunque más o menos obvias para quienes viven en países con cuatro estaciones) el mes más celebrado en la música de todos los tiempos es abril. ¿Ya adivinaron el objeto de este post? Por supuesto. Estuve tentado de hacer un registro de todas las canciones populares que le cantaran a este mes en español y el catálogo que se abrió frente a mis ojos fue de tal enormidad que decidí abortar el plan. De modo que me conformaré con presentar sólo cinco de ellas; huelga decir, de las que más me gustan. En el área de los comentarios pueden ustede votar expresar su preferencia por alguna de estas u otra que no esté aquí.
Comienzo con Quién me ha Robado el Mes de Abril, con Joaquín Sabina y Pablo Milanés, pieza que suele arrancarle lágrimas a las mujeres de clase media (como todas las de Sabina). Continúo con mi favorita, Como Esperando Abril, en la cual Silvio Rodríguez deja la palabra-fusil y consigue una lírica de enorme poder evocativo.
Más abajo aparece Leonardo Favio y su Muchacha de Abril. Como es su costumbre, el cantautor se dedica durante tres minutos y un poco más a describirle en su cara a una joven, a grito pelao, los desmanes que piensa hacer con su vientre y sus pobres trompas de Falopio. Luego, un Francisco Céspedes con un formidable poema-canción titulado Te Soñé, Lluvia de Abril, y al final Charly García y Luna de Abril.
Es todo. Ya cumplí con el homenaje al bendito mes. No me molesten más con el asunto.
Quién me ha Robado el Mes de Abril:
Como Esperando Abril:
Muchacha de Abril:
Te soñé, Lluvia de Abril:
Luna de Abril:
Canciones que nos estremecieron y que guiaron la formación sentimental de millones de hispanohablantes. Fundamentalmente, música de los años 70, 80 y 90.
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19 abril 2006
29 marzo 2006
Irakere - Dile a Catalina
Irakere. Cuando mis panas melómanos y comunistas me decían que Irakere era la más alta expresión de la música caribeña yo les respondía con sorna: "Okey hermano, a mí también me entusiasma la Revolución cubana, pero no es para tanto. Un poquito más de respeto para la orquesta de Palmieri, la de Barretto, la Fania All Stars sin ir más lejos". Hasta que uno de ellos me llegó a la casa con un long play debajo del brazo, con ese aire sobrado que tienen los jugadores de poker que tienen una combinación fulminante, y me invitó: "Escucha esto, perro".
La cosa que me puso a escuchar es un escándalo armado por un trabuco monumental en el que descollaban los nombres de Chucho Valdés, Arturo Sandoval, Paquito D'Rivera, Enrique Plá y Oscar Valdés. Era 1982; al Arturo lo había ungido poco antes el inmortal Dizzie Gillespie, al regalarle su extraña trompeta doblada y comentar en evento público que él, Sandoval, era el mejor trompetista que había escuchado en su vida. No más escuchar los agudos de éste y los arreglos del Chucho y tuve que darle la razón al hermano. Que tal vez no haya tenido razón, pero al que todavía hoy le agradezco la cátedra: gracias, mi pana Goyo Guzmán (1964-1988), por mostrarme esta pequeña joya de la música de todos los tiempos.
Dile a Catalina:
25 noviembre 2005
Celia Cruz y Oscar D'León - El son de Celia y Oscar
Celia Cruz y Oscar de León con la orquesta de Ralph Mercado.
A mediados de los 90 la salsa se había convertido en un asunto romántico y a veces erótico, y eso tenía muy molestos a los salseros ortodoxos, originarios. En vista de que poca gente pensaba que la generación de Ray Ruiz, Jerry Rivera y Mark Antony podía revivir las glorias de Feliciano, Lavoe y las grandes orquestas, Ralph Mercado ensayó el regreso de varios caballos y los puso a cantar en sucesivos duelos, algunos de los cuales fueron maravillosos, pero otros no hicieron sino acentuar la sensación de debacle de algunos ídolos. En castellano: nunca se escuchó peor Cheo Feliciano que cuando le tocó fajarse con José Alberto El Canario en un contrapunteo abominable llamado Soneros de Bailadores.
Pero aquí tengo otro duelo que sí la botó de jonrón. Es tan contagioso que hasta un sujeto como yo mismo, incapaz de bailar ni siquiera un vals de esos vieneses, no puedo evitar saltar del sillón cada vez que escucho esta piezota, de la mano de Oscar D'León y Celia Cruz.
A mediados de los 90 la salsa se había convertido en un asunto romántico y a veces erótico, y eso tenía muy molestos a los salseros ortodoxos, originarios. En vista de que poca gente pensaba que la generación de Ray Ruiz, Jerry Rivera y Mark Antony podía revivir las glorias de Feliciano, Lavoe y las grandes orquestas, Ralph Mercado ensayó el regreso de varios caballos y los puso a cantar en sucesivos duelos, algunos de los cuales fueron maravillosos, pero otros no hicieron sino acentuar la sensación de debacle de algunos ídolos. En castellano: nunca se escuchó peor Cheo Feliciano que cuando le tocó fajarse con José Alberto El Canario en un contrapunteo abominable llamado Soneros de Bailadores.
Pero aquí tengo otro duelo que sí la botó de jonrón. Es tan contagioso que hasta un sujeto como yo mismo, incapaz de bailar ni siquiera un vals de esos vieneses, no puedo evitar saltar del sillón cada vez que escucho esta piezota, de la mano de Oscar D'León y Celia Cruz.
Dice:
18 noviembre 2005
Celio González - Asombro
Celio González con La Sonora Matancera.Es posiblemente la canción de despecho más sencilla jamás compuesta (sólo comparable, en mi humilde y aparatosa opinión, con Sin ti, versión de Los Panchos), y una de las más dolorosas en su ternura y en su elocuencia. En lo personal, de las que canta Celio González me retuerce más esa que mientan Total, pero a ésta la quiero homenajear por su cálida sencillez.
No recomendable para despechados actuales; es capaz de romperle algo por dentro a quien venga a escucharla afectado por un guayabo real.
¿No necesita esa clase de consejos? Bueno, entonces óigala y destrúyase:
Celia, Barretto y Adalberto - Nadie se salva de la rumba
Celia Cruz y Adalberto Santiago con la orquesta de Ray Barretto. Un clásico "agazapado" del buen soneo: Celia y Adalberto, maduros y poderosos, se fajan en sabroso toma y dame para la posteridad. Y, tras ellos, un Barretto-director magistral que se luce a mitad de la pieza con un solo de tumbas. Los arreglos de metales son desconcertantes.
La pieza es para salseros iniciados; la radio comercial no la calcinó en su momento, y tal vez por eso goza de buena salud.
Zámpale:
Silvio Rodríguez - El Mayor
Silvio Rodríguez. Como creación, cumple con los requisitos básicos de una buena tesis o trabajo de ascenso: va de lo muy general (el contexto: "El hombre se hizo siempre / de todo material...") a lo particular ("Mortales ingredientes / armaron al Mayor...") con una facilidad que ni Vizquel atrapando esas pelotas imposibles.
Pero como "apenas" se trata de un poema al que el Silvio además le puso hermosa melodía, pues no hay nada que hacer: es un tributo fabuloso, una celebración del ser humano que mezcla Historia y pasión: "Va cabalgando sobre una palma escrita...".
Lo demás lo dice en la carátula del álbum Días y Flores: está dedicado "A la memoria del Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, en el centenario de su caída en combate en la sabana de Jimaguayú, el 12 de mayo de 1873".
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