Mostrando las entradas con la etiqueta Colombia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Colombia. Mostrar todas las entradas

27 marzo 2007

Noel Petro: Lamento Náufrago

Menudo trabajo les ha correspondido a quienes, en distintas épocas, han recopilado lo mejor del cancionero colombiano. Al respecto tengo unas pocas certezas, y una de ellas es que en ninguna recopilación debe faltar esta misteriosa lírica, esta melodía que trae resonancias marinas.
Muchos intérpretes han versionado esta joya del siglo XX, autoría de Rafael Campos Miranda. Tengo sobre esto otra certeza (muy personal, y por lo tanto discutible y hasta rebatible): nadie la ha interpretado con más amor por el terruño, con más entrega y más pasión colombiana que Noel Petro, de quien ya incluí antes otras piezas. Estamos hablando de un país exportador de nostalgia, y El Burro Mocho en eso es maestro entre los maestros. Escucharán aquí unos arreglos de requinto, mis hermanos, una combinación alucinante de picardía con embeleso...
Agradezco al hermano Helberth Puerta el envío de la misma. Un regalo maravilloso para alguien que no escuchaba esta versión desde hacía dos décadas y más.

Así que a escucharla. Esto es poesía:

06 marzo 2006

Los Corraleros de Majagual - La Manzana / La Yerbita / La Burrita de Eliseo / El Vampiro

Los Corraleros de Majagual.
En los años 70 Colombia comenzó a internarse, de pecho y sin frenos, en un período de convulsión política y social que repotenciaba al que dos décadas antes (y un poco más) había detonado El Bogotazo. Al mismo tiempo comenzaba lo que los estudiosos del tema de la droga llaman el boom marimbero: la marihuana comenzó a significar para muchos una opción para paliar la miseria, pero también significó la criminalización de miles de agricultores pobres.
De esa época data una de las movilizaciones demográficas más intensas de colombianos hacia Venezuela, y posiblemente también uno de los más lamentables momentos de xenofobia anticolombiana entre nosotros. Muchas mujeres pobres vinieron en busca de las mejoras que prometían un bolívar sólido y un presidente tan pro-colombiano que ahora mismo es muy difícil asegurar que nació aquí; es fama que miles de ellas sólo consiguieron subemplearse como domésticas o como camareras. A todas, sin excepción, les cayó sin compasión el estigma: los venezolanos se ofendían cuando los llamaban colombianos, porque en el habla común colombiano era sinónimo de ladrón, y colombiana sinónimo de puta. Así de triste y así de injusta fue esa época.
A cambio de la amargura, los colombianos nos inundaron con mucho de las alegrías patrias que se trajeron en el equipaje. Y nada fue mejor que la música de ellos para enseñarnos una nueva forma de estar contentos. Una década antes su ingenio creador había producido una fábrica de músicos y juglares llamada Los Corraleros de Majagual, un conjunto de música inclasificable (acordeón, trombones, saxos, tambores...) que desde el propio nombre les producía náuseas a las clases medias y altas, pero que entró con furor en los estratos más pobres hasta convertirse en fenómeno cultural perdurable. Todavía hoy, cuando alguien lo suficientemente humilde, sensible y de buen humor escucha en la calle a Los Corraleros, no puede evitar olvidarse por un momento de los problemas y sonreír: esas canciones de hace 40 años tienen un efecto terapéutico del carajo.
Del grupo salieron cantantes y músicos de renombre: el vallenatero Alfredo Gutiérrez, Fruko (devenido después salsero fundamental de Colombia), Julio Erazo, Lisandro Meza, Calixto Ochoa. El tono y la temática de las canciones de Los Corraleros de Majagual son, esencialmente, una eterna jodedera. El jodedor mayor entre sus cantantes y compositores es, sin ninguna duda, Eliseo Herrera. Aquí abajo pueden escucharlo en tres canciones de esas que no morirán: La Manzana, La Yerbita y El Vampiro. En las dos primeras, la temática sexual explícita o insinuada queda bellamente aderezada con el estilo vocal relampagueante de Eliseo, a quien hay que oír como debe ser: no sólo mientras interpreta la letra sino cuando encaja aquellos gritos y giros improvisados, de los cuales el más famoso e inconfundible es aquél "Nos juiiimoooo....", característico de la orquesta.
La cuarta canción que incluimos aquí es un contragolpe que le zampa Lisandro Meza a Eliseo Herrera. Se llama La Burrita de Eliseo y es una clarísima celebración de la zoofilia: ya que Eliseo es tan jodedor, el Lisandro le aplica también el veneno de su creatividad y su capacidad como vocalista y lo llama, a su manera, cogeburras. La risa entre macabra y pícara que suelta Meza en los primeros acordes de la canción es un fabuloso anticipo de lo que sigue. Por último, incluimos también un clásico: El Vampiro, posiblemente la canción del grupo más conocida en Venezuela. Los Corraleros de Majagual le dejó a nuestra cultura un arte bueno para almas a un mismo tiempo recias y sensibles, pero no apta para esas sensibilidades timoratas a quienes espanta el arrabal.
Yo no pretendo enseñarlos a ustedes (ni a nadie) cómo escuchar música, pero háganme caso por esta vez: en La Manzana, fíjense con atención en esa clase de final para orquesta y saxofón del último minuto y medio; en La Yerbita, estremézcase y emborráchese con ese interludio para bajo y cencerro, que comienza al minuto 1 con 17 segundos, justo cuando el cantante convoca: Ahora, viejo Mario, ¡ahí na'má!, y que termina diez segundos después con otro grito poderoso del solista: ¡Anda!; en La Burrita de Eliseo, deguste la sinfonía de acordeón que es la primera parte de la pieza, hasta que Lisandro Meza interviene a los 32 segundos para anunciar su final con un llamado profundo: Ahora sí: ¡uuupaaa!
Repita esa operación varias veces, asómbrese con esa increíble orquestación y diga, sinceramente, si esta tremenda orquesta no es un suculento manjar para melómanos.





08 febrero 2006

Tania y Claudia - Regresa, Corazón / Nuestra Historia de Amor

Tania y Claudia.
Ayer tuve una discusión con un hermano colombiano que me defendió, a grito pelao y durante una hora, la certeza de que Tania es paisana suya y no mía; es decir, colombiana y no venezolana. Le solté algunos argumentos que rebotaron en su férrea convicción: yo soy loco'e bola, Tania siempre fue colombiana y lo más probable es que lo sea hasta que muera. Así de firme estaba el compa.
La discusión se acabó cuando recordé la confusión de otro viejo compañero que me aseguraba lo mismo, y que también se rajó cuando le hice la pregunta decisiva: "Hermano, ¿no será que la estás confundiendo con Claudia de Colombia?".
En honor de esos panas; debido a que, a fin de cuentas, las dos cantantes son grancolombianas; y en vista de la cantidad de veces que ellas han sido escuchadas en posts anteriores publicados aquí (lea y escúchelas: Playas de mi Tierra y Tú me Haces Falta), van otras dos canciones suyas, una de cada una, juntas como si en efecto fueran una sola cantante:


Claudia - Nuestra Historia de Amor:


Tania - Regresa Corazón:

07 diciembre 2005

Noel Petro - La Reina de Las Cruces / Yo voy hacia ti

Noel Petro.
Este caballero, apodado El Burro Mocho, es uno de los cantantes más queridos en Colombia y sus alrededores (posiblemente más en los alrededores que en Colombia). Noel Petro nos enganchó durísimo en los años 70 con algunas de sus composiciones y también con versiones de piezas famosas; entre estas últimas lo consiguió con La Araña, y lo hizo con tanto acierto que todavía hoy uno consigue gente que cree que esa canción es original de Noel Petro.
Entre las muchas que interpretó destacan algunas que se han convertido en patrimonio artístico de América Latina. Sin profundizar mucho, ahí tenemos Yo Voy Hacia Ti, cuyo título tal vez a usted no le sugiera o recuerde ninguna canción que le suene conocida, pero sí lo que dice el estribillo:

Espérame entre palmeras
como la primera vez...

La hazaña cotidiana, el aporte incomparable de Petro consistía (o consiste, pues todavía canta, según he leído por allí) en que cantaba cada canción, por muy pedestre, arrabalera o estrambótica que fuera su letra, con el mismo feeling, el mismo sentimiento, la misma dulzura con que pudiera recitar a Vallejo. Estoy convencido de que a muchos que no hablan ni entienden el castellano, al escuchar a este cantante, les sucede a lo mismo que a quienes no entendemos mayor cosa el inglés y escuchamos a cualquier Phill Collins: nos conmueve y puede hasta ponernos melancólicos, pero en realidad no sabemos que el tipo está cantándole, ni más ni menos, a la insólita advocación de una cuadrúpeda innoble:

Yo tengo una burra
muy adinerada
a la calle no la saco:
ya está muy apecuecada, ¡hombe!
Revoliá revoliá revoliático...


Acá reproducimos La Reina de Las Cruces (dedicada a su ex mujer, Claudia de Colombia, quien le rompió el corazón después que se hizo famosa) y Yo Voy Hacia Ti. En esta última deténgase a escuchar varias veces el solo de requinto, que comienza transcurrido un minuto 57 segundos de la pieza. Degústelo, vacílese ese tumbao y esa pasión, y convénzase de una buena vez: al lado del Noel Petro, Eric Clapton es un pobre aprendiz de guitarra.

Suena:



20 noviembre 2005

Claudia de Colombia - Tú me haces falta

Claudia de Colombia.
Ajá: ¿a que no se acordaban de ésta (ni de ella)? Claudia de Colombia nos dio en la madre a todos los latinoamericanos, allá por los 70. Usted, que pensaba que Shakira ha sido la primera cantante colombiana con etiqueta de exportación, aquí la tiene: es hora de hacerle honor a La Reina de las Cruces (como la bautizó su marido más atormentado, el también inolvidable Noel Petro).
Quienes disfrutamos y padecimos la radio de esos años tenemos a esta mujer galvanizada en las gavetas del recuerdo. Los venezolanos en particular sufrimos por su causa una convulsión machista y otra patriótica. La patriótica, porque una vez el presidente Carlos Andrés Pérez la homenajeó con una cena, y en pleno brindis la diva le soltó, sin anestesia: "Mire presidente, va siendo hora de que los venezolanos nos devuelvan el islote de Los Monjes...". La castigamos duro, o al menos eso creímos: aquí divulgamos un chisme según el cual había sido amante de CAP y de su chofer.
La conmoción de tipo machista sobrevino cuando Claudia buscó y encontró la forma de vengarse: la prensa colombiana quiso saber si aquella especie era cierta y ella no lo negó ni lo confirmó, pero dijo claro y raspao que los hombres venezolanos eran flojos en la cama.
En fin, ni siquiera por estos episodios puede uno odiar a quien nos llenó de fantasías la niñez con esos arrullos melodiosos.

Óiganla: