
Si a algún cantante nacido en Venezuela puede decirse que le llegó la gloria temprano (ligeramente más temprano que la muerte), ese fue
Cherry Navarro (Alexis Enrique Navarro).
El recuento de su vertiginoso ascenso a la fama puede resumirse más o menos así: llegó a Caracas procedente de Caripito, en el oriente del país, un día le dio por cantar frente a todo el que quisiera escucharlo y ya no hubo quien se le resistiera. A los 21 años de edad ya había grabado gaitas, probado fortuna con la orquesta
Los Melódicos, a la postre una de las más populares de Venezuela; se hizo amigo inseparable de un cachorro de puma llamado
José Luis Rodríguez, destrozó con la mansalva de su sonrisa humilde e irresistible cuanto portón se interponía entre él y el llegadero del estrellato, y en 1966 las chicas de Venezuela tenían ante sí un terrible dilema por dilucidar: enamorarse de
Felipe Pirela o desvanecerse por
Cherry Navarro. Parece que éste le sacó algo de ventaja; la prensa farandulera se dio banquete divulgando la noticia de su romance con una tal María de Las Casas, Miss Venezuela 1965 y una de las mujeres criollas más apetecibles de esos años.
En 1967 apareció en el Show de Renny, allí donde sólo llegaban los ungidos, los consagrados de la música. Era el Olimpo de la televisión, la verdad de la fama y el prestigio. El muchacho no llegaba a 24 años y ya había coronado más éxitos que cualquiera en el doble de tiempo. Y nada que perdía la jovialidad ni la sonrisa franca de todo natural de Caripito.
Promediando ese año grabó una pieza en un género inclasificable, cuya letra pertenece a
Luis Eduardo Aute:
Aleluya. Todo el mundo la cantaba o tarareaba en las calles, y el grito
aleluya nunca fue más oportuno para Caracas que en aquel 29 de julio espantoso, cuando la ciudad quedó desgarrada por un terremoto. Y la gente repetía, convencida de que la voz del
Cherry no hacía sino musitar una premonición:
Una lágrima en la mano
un suspiro muy cercano
una historia que termina
una piel que no respira
una nube desgarrada
una sangre derramada:
¡Aleluya!quince gritos que suplican
una tierra que palpita...Pocas semanas pasaron antes de que el público adorador comprendiera en su exacta magnitud la cosa pavorosa que quería anunciar la canción: lo que venía oculto en el terrible equipaje de esa canción hermosa no era el temblor planetario que enlutó a Caracas sino la muerte del propio cantante. Como todo en su vida, sucedió rápido, cual relámpago: un día ingresó al hospital Vargas porque estaba indispuesto y tres días más tarde salió un médico de mierda a explicarle a un país estupefacto que a
Cherry Navarro lo había fulminado una dolencia llamada aplasia medular.
No se diga más:
Aleluya - Cherry Navarro: